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Surco
San Josemaría
Lo que en estas páginas aparece es la vida misma del cristiano, en la que —al paso de Cristo— lo divino y lo humano se entrelazan sin confusión, pero sin solución de continuidad. No olvides que mis consideraciones, por muy humanas que te parezcan, como las he escrito —y aun vivido— para ti y para mí cara a Dios, por fuerza han de ser sacerdotales (Prólogo). Son virtudes humanas de un cristiano, y precisamente por eso se muestran en toda su sazón, dibujando el perfil del hombre y de la mujer maduros, con la madurez propia de un hijo de Dios, que sabe a su Padre cercano.
Mons. Álvaro del Portillo
Camino
San Josemaría
A ti, querido lector, van dirigidas esas líneas penetrantes, esos pensamientos lacónicos; medita cada palabra e imprégnate de su sentido.
En estas páginas aletea el espíritu de Dios. Detrás de cada una de sus sentencias hay un santo que ve tu intención y aguarda tus decisiones. Las frases quedan entrecortadas para que tú las completes con tu conducta.
No des un paso atrás: tu vida va a consistir en hacer dulce el sufrimiento. ¡Para eso eres discípulo del Maestro!
San Josemaría (prólogo)
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Es Cristo que pasa
San Josemaría
Hablar de Dios, acercar los hombres al Señor: así lo he visto desde que lo conocí, en 1935. Catequesis, días y cursos de retiro espiritual, dirección de almas, cartas breves e incisivas, que llevaban en los trazos -rápidos y definidos- la paz a muchas conciencias. En los primeros meses de 1936 llegó a enfermar; los médicos diagnosticaron sólo cansancio. Predicaba, a veces, hasta diez horas diarias. El clero de casi todas las diócesis españolas recibió su predicación; lo llamaban los Obispos y él recorría el país, a sus propias expensas -en aquellos trenes de entonces-, sin más pago que la amorosa obligación de hablar de Dios.
Mons. Álvaro del Portillo
Via Crucis
San Josemaría
Entre todos los relatos evangélicos, Mons. Escrivá de Balaguer se detenía con especial detalle y amor en los de la Muerte y Resurrección de Jesús. Allí, entre otras muchas consideraciones, contemplaba la Humanidad Santísima de Cristo, que -en su afán de acercarse a cada uno- se nos revela con toda la flaqueza humana y con toda la esplendidez divina. Por eso, decía, aconsejo siempre la lectura de libros que narran la Pasión del Señor. Esos escritos, llenos de sincera piedad, nos traen a la mente al Hijo de Dios, Hombre como nosotros y Dios verdadero, que ama y que sufre en su carne por la Redención del mundo. Verdaderamente, un cristiano madura y se hace fuerte junto a la Cruz, donde también encuentra a María, su Madre.
Santo Rosario
San Josemaría
Como en otros tiempos,
ha de ser hoy el Rosario
arma poderosa,
para vencer en nuestra lucha interior,
y para ayudar a todas las almas.
Ensalza con tu lengua a Santa María:
reparación te pide el Señor,
y alabanzas de tu boca.
Ojalá sepas y quieras tú sembrar
en todo el mundo la paz y la alegría,
con esta admirable devoción mariana
y con tu caridad vigilante.
Roma, octubre de 1968
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Forja
San Josemaría
¿Cómo no voy a tomar tu alma -oro puro- para meterla en forja, y trabajarla con el fuego y el martillo, hasta hacer de ese oro nativo una joya espléndida que ofrecer a mi Dios, a tu Dios?
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Amigos de Dios
San Josemaría
Este libro ofrece una recopilación de 18 homilías, en las que el autor toma las virtudes cristianas como guía de su entrañable coloquio filial con Dios. Es, comenta don Álvaro del Portillo en el Prólogo, "una catequesis de doctrina y de vida cristiana, donde, a la vez que se habla de Dios, se habla con Dios".
Su contenido incluye también otros motivos centrales de la vida espiritual, como la oración o el apostolado.