Amor al Papa, sea quien sea
PREGUNTA: Y, en fin, Mons. Escrivá de Balaguer vivía intensamente el tiempo previo a la elección de un nuevo Papa. Vd. estuvo junto al Fundador del Opus Dei en 1958 y 1963.
En esas dos temporadas de Sede Vacante nos alentó a que, además de ofrecer sufragios llenos de piedad filial por el alma del Romano Pontífice difunto, pidiéramos con insistencia por el Sucesor, esforzándonos por amarle ya, decididos a ver en él al "dolce Cristo in terra", al Padre común, a Pedro. No se limitó a darnos estos consejos una o varias veces durante esos días; nos los repetía machaconamente y nos ayudaba a transformar todas nuestras tareas en oración, ofreciéndolas por el futuro Papa, que el Señor quisiese poner al frente de su Iglesia.
Recuerdo su emoción y su fe cuando tuvo conocimiento de la "fumata bianca". Desde ese momento empezó a repetir con intensidad el oremus pro beatissimo Papa nostro, sin saber quién era: le amaba ya con completa devoción, al mismo tiempo que rezaba para que cumpliese con santidad y eficacísimamente su Pontificado.
Nos confiaba que, como hijo, quería participar ya en la carga que el Señor había puesto sobre la persona elegida: deseaba ayudarle con todas sus fuerzas y, por lo tanto, comenzaba con una oración ininterrumpida. En más de una ocasión, en aquellos largos momentos de espera, exclamaba: le quiero ya con toda mi alma, sea quien sea.