Iglesia de los ricos e Iglesia de los pobres

PREGUNTA: Por lo que conozco, la fe y el amor a la Iglesia fueron creciendo a lo largo de la vida de Mons. Escrivá de Balaguer, desde el hogar paterno en Barbastro.

Daba muchas gracias al Señor por haberle hecho nacer en una familia católica, y expresaba su gratitud con un orgullo santo: he amado siempre con locura a mi Madre la Santa Iglesia, y cada día que pasa la quiero más. Agradezco a mis padres y a los primeros que intervinieron en la formación de mi alma, y después a todas las autoridades de la Iglesia, el amor que han puesto en mi corazón, y que se ha ido engrandeciendo cada vez más, haciéndome tener una fe grande, absoluta, en mi Madre la Santa Iglesia, de la que no dudo nunca y de la que estoy seguro porque así nos lo ha dejado bien precisado Jesucristo, Cabeza de su Iglesia: que las puertas del Infierno no prevalecerán jamás contra ella.

Nota muy significativa de su espíritu fue el amor incondicional al Romano Pontífice, a la Jerarquía y a todas las instituciones. Propagó la necesidad de servir a la Iglesia como ésta desea ser servida, sin ninguna restricción, porque los que hemos recibido los Sacramentos de la iniciación cristiana somos Iglesia, y tenemos el deber de trabajar por Ella, y de fomentar la unidad más profunda, respetando y amando los distintos carismas que el Espíritu Santo promueve. Josemaría Escrivá de Balaguer fue un buen hijo de la Iglesia y del Romano Pontífice: millares de fieles son leales servidores de la autoridad y del Magisterio eclesiásticos, removidos por el ejemplo y la enseñanza del Fundador del Opus Dei.

La veía como a una Madre con los brazos abiertos para acoger a todas las almas. En 1970, hacía este resumen: cuando a mí, ahora, me hablan con desprecio de los ricos, y me dicen con altanería Iglesia de los pobres, suelo contestar habitualmente: Iglesia de las almas, de todas las almas. No podemos olvidar que en este mundo siempre habrá ricos y pobres: no lo digo yo, lo ha dicho el Maestro cuando vino a enseñar que era el Camino, la Verdad y la Vida para todas las personas, sin excluir a ninguna.

Fortalecía a su alrededor la fe en el Cuerpo Místico de Cristo, refugio de nuestras almas y camino para llegar a Dios: hay que defender y amar a la Iglesia con toda nuestra alma, para que se vea y se conozca como es: limpia, maravillosa, sin mancha, porque es la Esposa de Jesucristo. Vivimos para esto, y no podemos dejar de encomendar y de trabajar por este fin. Nosotros queremos dar almas a la Iglesia, porque encontrarán el camino para ser felices, con un Dios que ama y perdona.