Una escuela para aprender a ser pobre

PREGUNTA: La pobreza es otra virtud muy importante, que alcanza en la vida de Mons. Escrivá de Balaguer y en el espíritu del Opus Dei notas realmente originales, no siempre bien comprendidas. Para un cristiano corriente, para un padre o madre de familia, la pobreza no es sólo austeridad o renuncia; exige también un testimonio explícito de amor y servicio, de solidaridad, como se expone con cierto detenimiento, entre otros lugares, en Conversaciones..., 110-111. Esa virtud, en términos laicales, no significa sólo estar desasido, sino que incluye poner a disposición, utilizar las cosas creadas para resolver los problemas de la vida humana, y para establecer el ambiente espiritual y material que facilita el desarrollo de las personas y de las comunidades. Pero, sin duda, su fundamento radica en la estricta sobriedad personal. Mons. Escrivá de Balaguer aludió muchas veces a que sus años de Logroño, después de la quiebra en la empresa paterna, fueron una auténtica escuela en muchos detalles de la vida cotidiana y, concretamente, de la pobreza.

Aprendió entonces a llevar con garbo las privaciones, haciendo agradable la vida a los demás sin quejarse por el trabajo o por la falta de servicio doméstico. Se le quedó muy grabado el semblante de don José, lleno de paz y sonriente, que daba al hogar alegría y serenidad, reforzando la unión de la familia; y también recordaba vivamente la laboriosidad y el sacrificio generoso de su madre y de su hermana, que sabían mantener el tono distinguido del hogar, aunque no dispusiesen de los medios de que gozaban en Barbastro.

Fue una pobreza vergonzante, llevada con extraordinario señorío, que perfiló todavía mucho más el agudo ingenio del Fundador del Opus Dei, ya que descubría los detalles con que sus padres se esforzaban, sin mezquindad, en sacar el máximo provecho de todo lo que poseían, para hacer amable la convivencia.