Las gestiones para promoverle al episcopado

PREGUNTA: El Fundador del Opus Dei no recibió la ordenación episcopal. Pero sí aceptó la distinción de Prelado doméstico de Su Santidad, según la terminología eclesiástica de entonces. Alguien ha hablado, y no precisamente con buena intención, de una ambición frustrada..., que le llevó a despreciar a las dignidades jerárquicas.

Cuando el Fundador vio el Opus Dei, comprendió ya que su naturaleza jurídica iba en la línea de las estructuras de la jurisdicción personal y, sin pensar en sí mismo, buscó la orientación y el camino para llegar a esa solución. Pero, desde que hizo la primera petición -o el primer intento de petición- para llegar a la figura jurídica definitiva de la Obra, como podía ir ligada a una capitalidad episcopal, comunicó a la Santa Sede que estaba dispuesto a renunciar a dirigir la Obra, para que otro asumiera esas funciones: no le interesaba para su persona esa dignidad jerárquica.

Es verdad que en España hubo muchos Arzobispos y Obispos que hicieron gestiones para que llegase al episcopado. Don Prudencio Melo y Alcalde, don Javier Lauzurica, don Marcelino Olaechea, don Leopoldo Eijo y Garay y don Casimiro Morcillo, entre otros, dieron pasos concretos con ese fin. Esta situación siempre le produjo desasosiego interior, porque no deseaba en absoluto esos cargos. Además, no dejó de señalar con claridad, que su misión era sacar adelante el Opus Dei; no el gobierno de una diócesis.

Cuando se trasladó a Roma, siguieron viniendo propuestas para que fuese promovido al episcopado. En 1963, Mons. Argaya, Obispo residencial en España, vino a almorzar con el Fundador del Opus Dei. En un momento de la conversación, le preguntó: "Josemaría, ¿cuándo te hacen Cardenal?, porque..." Mons. Escrivá de Balaguer le interrumpió: no me interesa que me hagan nada. Ante la insistencia del Obispo, zanjó la cuestión: Jacinto, ni me interesa, ni lo aceptaría. Era un rumor conocido que -repito- le molestaba. En una de esas ocasiones, y para cortarlo definitivamente, fue a ver a Monseñor Tardini a la Secretaría de Estado. Con su claridad habitual, le expuso que no aceptaría ninguna sede residencial con el cargo de Arzobispo o de Obispo, ¡ni la mitra de Toledo!, que lleva consigo el cardenalato con el Primado de España. Dejó patente así que no tenía ninguna ambición de cargo o de honor. Tan terminante estuvo en su conversación con Mons. Tardini, que a partir de entonces cesaron las gestiones para promoverle al episcopado.

Cuando le nombraron Prelado de Honor de Su Santidad, estuvo tentado de renunciar a esta distinción, que había gestionado y conseguido Monseñor Montini, cuando era Sustituto. El Fundador desconocía esta iniciativa. Sólo cedió por la insistencia de don Álvaro del Portillo en la conveniencia de evidenciar también en eso la secularidad del Opus Dei.