Este pobre hombre que ha sido el Fundador del Opus Dei

PREGUNTA: No obstante, cuando conocí a Mons. Escrivá de Balaguer, en 1960, solía referirse con particular energía a su condición de Fundador del Opus Dei. En ocasiones, utilizaba expresiones fuertes, que podían prestarse a incomprensiones, como cuando proclamaba en público: hijos míos, yo he conocido varios Papas, muchos Cardenales, montones de Obispos, pero Fundadores del Opus Dei hay solamente uno: este pobre pecador que es ahora vuestro Padre. Por eso, el Señor os pedirá cuenta de haber convivido conmigo, aunque yo sea tan poca cosa.

Algunos han malentendido estas palabras, como si se considerase más importante que la jerarquía eclesiástica. Nada más alejado de su mente y de su voluntad. Llegó a pedir al Señor que, si la Obra no era para servir a la Iglesia, la destruyera inmediatamente. Nos hacía sentir la responsabilidad de grabar en nuestras almas ese espíritu de sumisión indiscutida a la Autoridad -fuera quien fuera-, tal como el Señor lo había marcado en su alma.

Con dichas palabras, a la vez que nos quedaba patente su amor a la Jerarquía -por la que estaba dispuesto a entregar su vida-, entendíamos la importancia de fijarnos en el espíritu que nos comunicaba. No había el menor desprecio o desaire para los Pastores; al contrario, nos explicaba que, gracias a la lealtad a ese espíritu, amaríamos siempre más a quienes regían la Iglesia.

Nunca me ha extrañado la naturalidad llena de sentido sobrenatural con que nos estimulaba a la fidelidad al espíritu del Opus Dei, aclarándonos que el Señor, la Iglesia y los miembros de la Obra, ahora y en los siglos futuros, nos pedirían cuenta de cómo aprovechamos el tiempo transcurrido a su lado bebiendo el agua de la fuente. Y no me extrañaba esa naturalidad, porque en multitud de ocasiones añadía: yo no soy nada, hijos míos; soy un saco de miserias, pero el Señor se ha fijado en este pobre instrumento para comenzar el Opus Dei, y os pedirán cuentas, os mirarán, porque habéis vivido con este pobre hombre que ha sido el Fundador del Opus Dei.

Consciente de su responsabilidad, Mons. Escrivá de Balaguer supo explicar con claridad y con firmeza cuanto se refería al Opus Dei, dispuesto a defender el carisma aun a costa de su propia vida, de su fama, y de todas las posibles contradicciones. Cuando era necesario determinar el camino adecuado a la figura o al espíritu de la Obra, disponía la debida solución, y explicaba claramente: en esto no puedo delegar, soy el Fundador, y sé lo que el Señor me ha pedido. Si delegara y abandonara mi responsabilidad, me jugaría el alma y el Señor me pediría cuenta muy estrecha, porque el Opus Dei no es mío, es enteramente de Él.