El descanso es uno de los elementos de la virtud de la laboriosidad
PREGUNTA: Por otra parte, el descanso es uno de los elementos de la virtud de la laboriosidad.
El Fundador del Opus Dei comprendía que para la vida espiritual hacen falta momentos de distracción. Por eso, preveía esta necesidad, urgiéndonos a no entender el descanso como un no hacer nada, sino un cambio de ocupación que distrajese la mente y relajase el cuerpo de la tensión a que les somete la ocupación habitual. Quería que esos tiempos estuviesen gobernados por la sobriedad, para no aflojar en la lucha interior. Enseñaba también que, cuando fuera ineludible, habría que recortar ese espacio de descanso con alegría y sin victimismos.
No tuvo vacaciones, en el sentido tradicional de la palabra. Durante muchísimos años, pasó los veranos en Madrid y en Roma, aguantando el calor y las incomodidades de la ciudad. En cambio, se ocupaba de que sus hijos y sus hijas tuvieran el oportuno cambio de ocupación, y se trasladasen a otros lugares, para recomenzar con más vigor la labor apostólica en el curso siguiente. Sólo a partir de 1958, conseguimos que saliera de Roma durante una parte del estío. Lo aceptó por el razonamiento que le hicimos: evitar una excepción a lo dispuesto para los demás, y prepararse para trabajar con mayor eficacia en el nuevo año.
Aquel verano de 1958, estuvo en Inglaterra, para conocer más de cerca el ambiente de esa área cultural, y para impulsar el apostolado que realizaban los miembros del Opus Dei en el Reino Unido y en Irlanda.
Durante esas semanas, no prescindió del trabajo ni de una ocupación fija. Además de atender a la formación espiritual de sus hijos, siguió de modo inmediato su labor, les orientó para que extendiesen el apostolado, y les recordó constantemente la realidad de que ese país constituye una encrucijada para el mundo entero, pues acuden allí personas de todas las naciones a formarse: fomentaba su responsabilidad, a fin de que trabajasen apostólicamente con gente británica y de otras culturas.
Volvió a Inglaterra en los cuatro años siguientes. Le interesaba impulsar esa labor de almas en aquel país y, desde allí, extenderla a la Commonwealth. En años sucesivos permanecería en Italia: dos veces, cerca de Firenze; otras, en el norte de la Península, y, otra más, junto a L'Aquila. Como siempre, se llevaba material para escribir y trabajar