Estudio, siempre
PREGUNTA: Las calificaciones que obtuvo en el Bachillerato y luego, en Zaragoza, muestran que destacó como estudiante.
Ya entonces, procuraba ampliar las explicaciones de las clases, frecuentando las bibliotecas. Y formuló el propósito de no cerrar los libros, sino de actualizar siempre el estudio personal de la doctrina de la Iglesia. Evocaba así aquellos tiempos: me interesaban todas las materias, para conocer mejor a Dios y para poder tratarle más. No realizaba mis estudios sólo como una obligación, sino especialmente como una necesidad de mi alma, para llegar a un trato intelectual y afectivo más intenso con la Trinidad y con las verdades de la Santa Madre Iglesia.
Nunca abandonó la ciencia eclesiástica. Todos los días dedicaba al menos un cuarto de hora o veinte minutos al repaso de textos de dogmática, de moral o de patrística, que incorporaba a su piedad y su predicación. Recurría a los Padres, al Magisterio, a libros clásicos y modernos de espiritualidad. También de estos escritos tomó notas y apuntes, hasta el final de su vida. Muchas veces su descanso consistía en leer esos textos, para refrescar sus conocimientos y profundizar en esas materias.
Dedicaba tiempo, además, a la lectura de la literatura clásica italiana y española. Aludiendo a esta necesidad de no abandonar el estudio de las ciencias eclesiásticas, comentaba: no podemos hacer como Fray Gerundio de Campazas, que cerró los libros y se dedicó a predicar: hemos de formarnos siempre, también desde el punto de vista intelectual.
Releía periódicamente tratados sobre la Trinidad. He recibido en distintas ocasiones el siguiente encargo: por favor, que me pasen, poco a poco, los distintos tratados De Trinitate que haya en la biblioteca de la casa, para poder leerlos y para meditarlos. Me impresionaba, especialmente en relación con esos tratados, verle completamente absorbido por la lectura: reflejaba su oración, pues concebía las ciencias sagradas como medio para fortalecer el trato con Dios.