Trabajo con universitarios e intelectuales
PREGUNTA: La santificación del trabajo nada tiene que ver con elitismos. Pero no es menos clara la trascendencia social y cristiana de la recta ordenación de aquellas actividades humanas con un efecto vertebrador de la convivencia. De hecho, el Fundador del Opus Dei dio extraordinario relieve a la presencia de miembros de la Obra en esos quehaceres, comenzando por los que atañen a la cultura y a la vida intelectual.
Se le quedó muy grabada una definición escolar que aprendió de pequeño: "inefable es lo incomparablemente bello que, al romper con su esplendor la armonía de lo creado, despierta en nosotros la idea de lo infinito". La aplicaba a la acción continua de la Providencia, para descubrir la belleza de lo aparentemente más humilde, porque encierra el quid divinum -infinito e inefable- del posible encuentro con Dios.
Cuando conoció que el Señor le pedía fundar el Opus Dei, entendió que ningún ámbito honrado se excluía de la llamada a la santidad. Desde 1928 empezó a trabajar, por tanto, con universitarios y con intelectuales. Comenzó a dirigirles retiros y charlas, y a llevar su dirección espiritual personal. Se ocupaba de que adquiriesen y fundamentasen el conocimiento de la vida cristiana, desde las nociones más básicas del catecismo, hasta los problemas de orden doctrinal y teológico que pudiesen guardar relación más directa con su campo de especialidad. Fomentaba también entre muchos estudiantes la idea de que, preparándose muy bien, se orientasen hacia la investigación y la enseñanza universitaria. Era consciente de que desde las cátedras se influye -para el bien o para el mal- en millares y millares de alumnos que pasan por las aulas.
Partiendo de la universalidad de la doctrina católica, estaba convencido de que era necesario formar pensadores, investigadores, hombres de cultura y de ciencia, que fuesen católicos responsables, de modo que su formación cristiana les sirviese de base para su tarea específica. Al mismo tiempo, deseaba -y no se cansó de repetirlo- que los católicos no abandonasen ningún campo de la ciencia ni de la investigación, de modo que con su prestigio profesional pudiesen también contrarrestar las doctrinas y los caminos que atentan contra la verdad, contra la dignidad del hombre y, por tanto, contra el Creador.
Desde hace años se viene realizando esta labor en la Universidad y en la enseñanza media de tantos países, merced al celo por las almas que el Opus Dei ha sembrado en muchísimas personas. Precisamente la amplitud de la acción apostólica del Fundador con intelectuales y con gente de las clases económicas más altas, le acarreó críticas e incomprensiones, a las que respondía con buen humor: las personas que se dedican a la cultura y los ricos tienen un alma que salvar.