Dar liebre por gato
PREGUNTA: Algunos no han entendido esta coherencia cristiana, como si fuese un intento de restaurar confesionalismos en la vida profesional o civil. Y se han apoyado, incluso en Camino, 353: Aconfesionalismo. Neutralidad. -Viejos mitos que intentan siempre remozarse. ¿Te has molestado en meditar lo absurdo que es dejar de ser católico, al entrar en la Universidad o en la Asociación profesional o en la Asamblea sabia o en el Parlamento, como quien deja el sombrero en la puerta?
El Fundador del Opus Dei no se cansó de repetir a quienes se acercaban a su labor sacerdotal que habían de dar testimonio de vida cristiana -a través de su profesión-, con un conocimiento profundo de la fe, sin limitarse a unas prácticas religiosas semanales. Propugnaba la necesidad de impregnar de virtud cristiana todo lo que se realiza, aunque parezca sin trascendencia. Manifestaba, por ejemplo, que una formación humana impartida por católicos en la que no haya -de una manera transparente, constante y clara- el influjo del criterio cristiano, puede ser un motivo de escándalo para aquellos que la reciben, además de un mal servicio a la Iglesia y a la sociedad.
En cambio, rechazaba con fortaleza que se utilizase a su alrededor el título de católico. Recalcaba que los fieles hemos de distinguirnos por el cumplimiento acabado de nuestras obligaciones personales y profesionales, sin escudarnos jamás en la condición de creyentes, al presentar una tarea mediocre o mal acabada. Por ejemplo, comprendiendo y respetando el criterio contrario, prefirió no servirse nunca de los nombres de los Santos para designar tareas humanas; así se evitaría que ese título, por una posible incompetencia o falta de categoría de quienes guían esas empresas, pudiera ser objeto de desprecios, mofas o burlas.
Fomentó, pues, la responsabilidad de ser buenos profesionales, para dar testimonio de la fe mediante el trabajo bien terminado, de manera que entrase por los ojos que los católicos saben realizarlo con altura humana, precisamente por su conciencia de creyentes que ofrecen su actividad al Señor, al que no se le puede presentar nada mal hecho.
Ya desde 1928 enseñó la incompatibilidad entre parecer buen cristiano, muy piadoso, y descuidar el trabajo profesional -por pereza, negligencia, falta de preparación o desinterés-, porque la vida de piedad no puede justificar una existencia humana inútil, indolente o irresponsable. A los miembros del Opus Dei, nos repetía: de qué me sirve una persona que me diga que es muy buen hijo mío, y después es un mal maestro, un mal ingeniero, una mala ama de casa. Aparte de que ser hijo mío no cuenta nada y de que lo único importante es ser hijo de Dios, hemos de convencernos de que, para comportarnos como tales, hemos de ofrecer al Señor el sacrificio de una vida entera, gastada con generosidad y en la que busquemos constantemente la perfección cristiana, luchando contra nuestras propias miserias personales, y realizando y acabando todas nuestras ocupaciones perfectamente bien, para ofrecérselas al Señor, por nuestra santidad personal y por la santidad de todas las almas.
Un refrán español califica como dar gato por liebre la actitud de quienes defraudan en servicios o mercancías. El Fundador afirmaba que el espíritu del Opus Dei había de llevar a proceder del modo exactamente opuesto: dar liebre por gato, entregar lo mejor de nosotros, sin aparentar que hacemos algo extraordinario o por encima de lo debido.