Vivir cara a Dios
PREGUNTA: Esta idea central aparece en sus primeros escritos, y en sus conversaciones con los que le seguían en los años treinta.
En ese tiempo, cuando apenas llegaban a una decena los miembros del Opus Dei, les hablaba de la necesidad de trabajar apostólicamente en el campo intelectual, en el ámbito de la economía, en los medios obreros, en la agricultura, o en los hogares de familia. Su visión ofrecía tal firmeza, que no tenían la menor duda de que se haría realidad.
El Fundador del Opus Dei transmitió a sus hijos el afán de llevar a Cristo todo lo humano, fortaleciendo su acción con una vida interior profunda y una conducta coherente: no se trata -insistía- de actuar como una perfecta organización humana, ni de considerarnos superhombres, sino de meter en todas las personas de la sociedad, empezando por nosotros mismos, el hondo convencimiento de que hay que vivir cara a Dios. Nos repetía que el Opus Dei ha venido para servir a la Iglesia en cualquier circunstancia, sin limitaciones de tiempo, ni de ambientes, ni de condiciones personales.
Sabiéndonos capaces -reconocía Mons. Escrivá de Balaguer- de cometer los mismos horrores y los mismos errores del hombre más depravado, mis hijos han trabajado con el convencimiento de que el Señor nos ha escogido como instrumentos para que, con su gracia, influyamos en los lugares donde estamos. Resultado de esta tarea es el número ingente de almas, de todas las clases sociales, que han comenzado o recomenzado a llevar una vida cristiana consecuente, con una participación asidua en los Sacramentos; con su colaboración en la vida parroquial y su atención al Magisterio eclesiástico, tanto pontificio como episcopal; con la defensa cristiana de la familia, y de los derechos básicos que la sustentan; en fin, con la promoción social, profesional y espiritual de gente con escasos recursos económicos.