La santa intransigencia

Indice: Memoria del beato Josemaría

PREGUNTA: Simultáneamente fue intransigente en materia de fe, tal vez, de modo más acusado en los últimos años.

Una constante de su catequesis era la afirmación de que no podemos ceder en lo que se refiere a Dios. Utilizaba la comparación de la persona que recibe de un amigo, en depósito, una gran suma de dinero. Llega otro y le pide prestada una cantidad: si se procede con honradez -explicaba-, habrá que contestar a esa tercera persona: de lo mío puedo darte todo, pero de lo que me han dejado en depósito no puedo disponer ni siquiera de un céntimo, porque es algo que no me pertenece, algo que me han confiado para que lo custodie íntegramente, y también íntegramente lo devuelva. Esta es la postura que hemos de vivir cada uno de los católicos con nuestra fe santa, que el Señor nos ha entregado para que la custodiemos con nuestra vida personal, sin ceder, sin malgastarla y sin tolerar que la maltraten.

En 1968, nos exigía que nos mantuviéramos muy firmes en lo que es la verdad o forma parte de la verdad: os aseguro que si cedierais en la doctrina, arrastraríais ineludiblemente las almas al mal: ¡no atraeríais a nadie! La fortaleza en la fe es un punto de apoyo y un punto de partida necesario.

Estaba persuadido de que, si se cedía en lo que era de Dios, no se realizaría ninguna tarea apostólica que dejase poso en las almas. En 1970 nos urgía: hemos de ser santamente intransigentes en la doctrina de la Iglesia y, a la vez, comprensivos con las personas. Un procedimiento para comprender, y para saber perdonar, es pensar con seriedad en nuestras almas, en nuestras miserias personales. De este modo, además de enfocar rectamente los hechos externos, con un criterio seguro, procuraremos ayudar, corregir y acoger a los otros con una caridad llena de delicadeza divina.

Fue muy perseverante en su defensa de la fe. En agosto del año 1972, nos preguntaba con claridad: ¿qué diríais vosotros de una persona que, en tiempo de guerra -y todos estamos en una lucha continua-, entregase al enemigo todas las armas que tiene? Hay que defender siempre la verdad, vivir y hacer el bien, no ceder en las cosas de Dios y, con este criterio, ocuparse de todas las personas que están a nuestro alrededor.

Se pasmaba ante esos millones de personas que sufrían persecución por sus convicciones católicas y eran objeto de discriminación, de malos tratos, de ofensas de todo género. Hablaba con admiración y agradecimiento de los mártires contemporáneos de la Iglesia. Encomiaba, concretamente, al Cardenal Stepinac, al Cardenal Mindszenty, al Cardenal Beran, y otros muchos que, en un ambiente de persecución, han sido confesores de la fe. Al mismo tiempo, no se olvidó jamás de esos millones de fieles desconocidos que, sin estar en el candelero, ni recibir el aplauso del resto del mundo, eran coherentes, aun a riesgo de su vida. Y nos empujaba a rezar para perseverar en el camino, prefiriendo la muerte a renegar de la fe.

 

 
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