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Flavio Capucci
Análisis del proceso de canonización de Josemaría Escrivá

Durante el Concilio Vaticano II se planteó la necesidad de agilizar los procedimientos vigentes para la tramitación de las Causas de los Santos. El Concilio quería subrayar el significado pastoral de las Causas de Beatificación y deseaba proponer al Pueblo de Dios aquellas figuras que tuvieran una mayor actualidad y respondieran mejor a la sensibilidad contemporánea. Esta razón —una mayor utilidad pastoral— explica, entre otras cosas, que las Causas se desarrollen en la actualidad con mucha mayor rapidez que en el pasado.

Con este motivo, Pablo VI inició una reforma en 1969 con el Motu proprio Sanctitas clarior, y Juan Pablo II la prosiguió en 1983 con la Constitución apostólica Divinus perfectionis Magister, que racionalizaron los procedimientos para la tramitación de las Causas de los Santos.

En este contexto hay que encuadrar la Causa de Beatificación y Canonización de Mons. Escrivá de Balaguer. La Beatificación, anunciada para el 17 de mayo de 1992, tendrá lugar 17 años después de la muerte del Beato: un tiempo que algunos, desconociendo la normativa que actualmente regula las Causas de los Santos, han considerado excesivamente rápido. Pero si se tiene presente que ésta es la primera Causa reciente que concluye de acuerdo con la nueva normativa, parece sumamente probable que en un futuro próximo otras Causas recientes, de menor densidad, puedan terminarse de manera más rápida todavía.

Es palmario que la solidez de una Causa se valora, no en función de su duración, sino por la calidad de las pruebas recogidas; de todos modos, considero útil repasar sintéticamente la marcha de esta Causa en sus distintas etapas, y proporcionar algunos datos que, por una parte, manifiestan la profundidad con que ha sido llevado a cabo el estudio de la vida y de la obra de Mons. Escrivá de Balaguer; por otra, servirán para confirmar la confianza que ponen los fieles en los organismos de la Santa Sede encargados de la organización y coordinación de las actividades en que se articula la vida de la Iglesia.

Como es sabido, todas las Causas de canonización siguen un itinerario en el que se suceden: una fase preliminar, dedicada a la comprobación de la existencia de las condiciones indispensables para iniciar las investigaciones; una fase instructoria, para la recogida de las pruebas testificales y documentales; una fase de estudio, en la que las pruebas son examinadas por la Congregación pontificia competente, cuyo acto conclusivo es el decreto sobre la heroicidad de las virtudes; y por último, la prueba del milagro, con una estructura análoga: fase instructoria, fase de estudio y el decreto sobre el milagro.

La reciente reforma ha modificado en profundidad la praxis seguida en la demostración de las virtudes heroicas. El proceso sobre la fama de santidad y sobre las virtudes ín genere, exigido por la anterior legislación como paso previo a la introducción de la Causa, ha sido abolido, y con él ha desaparecido también la Positio super introductione Causae, que preparaba el Postulador y se sometía después al juicio de una Comisión de Teólogos consultores. Todo ello ha sido sustituido por una serie de investigaciones documentales, mucho más ágiles pero no menos rigurosas. Por tanto, antes eran necesarios decenios para que tuviera lugar el proceso sobre las virtudes concretas –auténtico eje de toda la Causa–: hoy puede iniciarse a brevísima distancia de la muerte del Siervo de Dios, con la inmensa ventaja de tener a disposición los recuerdos de primera mano de los testigos que lo han conocido en vida.

Basta con este dato para mostrar que los trámites han sido en la práctica reducidos a la mitad: un solo proceso y una sola Positio, en lugar de dos; por último, la demostración de un solo milagro, en lugar de los dos requeridos antes para la beatificación.

Fase preliminar

El Fundador del Opus Dei falleció en Roma el 26 de junio de 1975. En aquel tiempo, la praxis establecía que la introducción de una Causa no tuviese lugar hasta cinco años después de la muerte del Siervo de Dios. Esta espera de cinco años parecía suficiente en aquel momento para verificar la consistencia de la fama de santidad, que es un elemento determinante en la valoración de la incidencia eclesial de la figura del Siervo de Dios y, en consecuencia, del valor pastoral de la Causa.

La Causa del Fundador del Opus Dei fue introducida el 19 de febrero de 1981, es decir casi 6 años después de su muerte, previo el nihil obstat de la Congregación para la Doctrina de la Fe y de la Congregación para las Causas de los Santos, confirmado por el Santo Padre el 5 de febrero de 1981. La evidencia de la fama de santidad del Fundador del Opus Dei era patente: alrededor de 6.000 cartas postulatorias enviadas a la Santa Sede por personas de más de cien países demostraban el interés con el que amplios sectores de la sociedad eclesial y civil aguardaban la apertura de la Causa.

Se dirigieron al Santo Padre, entre otras personas, 69 cardenales, 241 arzobispos, 987 obispos (más de un tercio del episcopado mundial) y 41 superiores de órdenes y congregaciones religiosas. Lo hicieron también numerosos jefes de Estado y de gobierno, personalidades del mundo de la cultura y de la ciencia, además de numerosísimas personas de condición social humilde. Un estudioso superficial que se dispusiera a hojear esta documentación esperando quizá encontrar una serie de formularios estándar quedarla sorprendido por el altísimo porcentaje de cartas enviadas por personas que, habiendo conocido personalmente al Fundador del Opus Dei, dan testimonio de la experiencia vivida de su santidad de vida.

Además, la Postulación recogió en dos volúmenes de más de 800 páginas, un conjunto de testimonios personales que probaban que Mons. Escrivá de Balaguer había gozado de una solidísima fama de santidad en vida y tras la muerte. Uno de los Consultores Teólogos a los que se ha confiado el estudio de la Causa ha comentado así el contenido de estos volúmenes:

«Éste es un estudio sólido y convincente, del cual se desprende la profundidad y la amplitud del impacto de la figura del Siervo de Dios en la Iglesia. Es realmente inusitada la riqueza de los testimonios que se aportan, que van desde los de personalidades de la Jerarquía eclesiástica –Papas, cardenales, obispos– y de la sociedad civil, hasta los testimonios de un gran número de sacerdotes, religiosos y laicos de todos los continentes».

La Postulación presentó a la Congregación para las Causas de los Santos 1.500 narraciones firmadas de favores atribuidos a la intercesión de Mons. Escrivá. Éstas habían sido seleccionadas entre las cerca de 10.000 narraciones de favores, provenientes de 40 países, con las que se contaba en los primeros tres años después de su fallecimiento. La relación de estos favores ocupó un volumen de 672 páginas. Son cifras que muestran la extensión de la devoción privada del Siervo de Dios, que se fue incrementando constantemente desde entonces hasta la actualidad.

Además, en un volumen de 600 páginas se recogieron algunos de los artículos que la prensa internacional dedicó al Fundador del Opus Dei con motivo del cuarto aniversario de su fallecimiento.

Merece la pena mencionar algunos de esos testimonios: el Cardenal Albino Lucíani exaltaba, un mes antes de su elevación al solio pontificio, la originalidad de la contribución de Mons. Escrivá a la espiritualidad cristiana; el Cardenal Baggio consideraba su mensaje espiritual un viraje, o más exactamente, un capítulo nuevo y original en la historia de la espiritualidad; el Cardenal Parente parangonaba al Siervo de Dios con los grandes Fundadores, como San Benito o San Francisco; el Cardenal Ursi describía el Opus Dei como un servicio nuevo y precioso a la Esposa de Cristo; el Cardenal Pignedoli afirmaba que, por la fecundidad de su apostolado, Mons. Escrivá pertenece ya a la historia y al tesoro de toda la Iglesia; el Cardenal Rosales, arzobispo de Cebú, alababa su apostolado silencioso e irresistible; el Cardenal Agnelo Rossi definía al Siervo de Dios como un testigo excepcional de la universal misión salvífica de la Iglesia; el Cardenal Carberry, arzobispo de San Louis, declaraba que el fundador del Opus Dei era uno de los héroes de nuestro siglo; el Cardenal Otunga, de Nairobi, no dudaba en definirlo como uno de los más grandes santos de todos los tiempos.

Se trata de una breve selección, pero suficiente para testimoniar que la Causa de Canonización de Mons. Escrivá de Balaguer constituye una respuesta de la Iglesia a un sentir muy difundido en el Pueblo de Dios. Por eso, no parece pretencioso afirmar que su ya próxima Beatificación será una fuente de beneficios espirituales para toda la comunidad eclesial. Las noticias de los frutos de vida cristiana que son atribuidos a su intercesión en tantos lugares son ya una evidente demostración.

Fase Instructoria

Se instruyeron dos procesos sobre la vida y virtudes del Siervo de Dios: uno en Rorna y otro en Madrid (este último para los testigos de lengua española o residentes en España), iniciados ambos en el mes de mayo de 1981.

Algunas cifras dan idea de la amplitud de la fase de instrucción de esta Causa: los procesos se prolongaron durante 6 años y medio, y tuvieron 980 sesiones; intervinieron 92 testigos, todos de visu con capacidad para proporcionar noticias de primera mano. Todos estos testigos habían tratado personalmente y durante un tiempo prolongado al Siervo de Dios, en un tercio de los casos en períodos que oscilaban entre los veinte y los cuarenta años. El conjunto de los testimonios cubre el arco completo de la vida de Mons. Escrivá, desde la infancia hasta la muerte.

Entre los testigos escuchados figuraban 4 cardenales, 4 arzobispos, 7 obispos, 28 sacerdotes y 5 religiosos. Más del 50% de los testigos no pertenecen al Opus De¿ un porcentaje muy superior al que exige la normativa en vigor, a fin de asegurar la necesaria neutralidad del aparato probatorio. Los tribunales han recibido también los testimonios de once ex-miembros del Opus Dei.

En todas las Causas de canonización no faltan voces desfavorables: la santidad siempre es un signo de contradicción, y en las de figuras dotadas de un particular relieve histórico, las voces contrarias son absolutamente inevitables. La Postulación, consciente de este hecho, quiso garantizar expresamente desde el inicio de la Causa la integridad de la investigación, con el fin de evitar que posibles lagunas hicieran necesario más adelante un suplemento de la instructoria.

Con este espíritu, y con la convicción de que afrontar en directo cualquier posible objeción era la vía maestra para hacer brillar más aún las virtudes del Siervo de Dios, la Postulación introdujo en su propuesta de testigos los nombres de algunas personas manifiestamente contrarias a la Causa. Además, impulsada por la intención de alcanzar una clarificación plena de todos los aspectos de su personalidad y de su actuación, se ocupó de incluir en la documentación las publicaciones difamatorias contra Mons. Escrivá aparecidas hasta entonces.

Algunos de los testigos contrarios citados por la Postulación fueron, sin embargo, rechazados por el Tribunal tras examinar la consistencia testifical de cada uno de ellos (intimidad y duración de su trato con el Siervo de Dios, importancia de los hechos presenciados, credibilidad del testigo, etc.), el Tribunal Regó a la conclusión de que su deposición no habría aportado pruebas fidedignas o al menos significativas (por haber mantenido un trato esporádico con el Fundador del Opus Dei o por la falta de fiabilidad del testigo).

Estas conclusiones, con la documentación de las investigaciones realizadas sobre los testigos contrarios presentados por la Postulación, o sobre otros posibles testigos acerca de los cuales el Tribunal valoró la hipótesis de citarlos de oficio, han sido recogidas en un largo documento adjuntado a las actas procesales. Este documento, aprobado y firmado por el Arzobispo de Madrid, Presidente del mismo Tribunal, fue enviado a la Congregación para las Causas de los Santos y publicado en la Positio super vita et virtutibus. Todos los Consultores Teólogos, así como los Cardenales y Arzobispos miembros de la Congregación que han intervenido en el estudio de la Causa y han emitido su propio voto sobre las virtudes heroicas de Mons. Escrivá de Balaguer, han tenido acceso a esta documentación y han considerado plenamente legítima la decisión del Tribunal coincidiendo en el hecho de que la instructoria contenía todos los elementos necesarios para dar un juicio fundado y seguro sobre las virtudes del Siervo de Dios.

Efectivamente, todas las objeciones contenidas en los escritos desfavorables al Siervo de Dios (artículos, publicaciones, entrevistas, cartas a los Tribunales o a la Santa Sede, etc.), fueron entregadas íntegras a los organismos competentes. En particular, la .Congregación introdujo en los interrogatorios procesales hasta varias decenas de preguntas relativas a cuestiones suscitadas contra el Siervo de Dios por los autores de los escritos que acaban de mencionarse. Por tanto, la instructoria no sólo carece de lagunas sino que, además, todas las objeciones presentadas contra el Venerable Josemaría Escrivá de Balaguer han quedado plenamente resueltas. Las dificultades presentadas, en lugar de proyectar sombras sobre su personalidad, constituyen nuevas pruebas de su heroísmo cristiano.

La minuciosidad y el rigor con el que se ha seguido la instrucción del Proceso, junto con la riqueza de datos históricos que se han aportado, es confirmada por otros significativos elementos. La Congregación aprobó el sistema de interrogatorios del Proceso –un sistema muy riguroso y particularizado– al que iba a someter a los testigos: 265 preguntas específicas sobre la vida del Siervo de Dios o relativas a sus virtudes heroicas (hay que hacer notar que normalmente las preguntas relativas a la vida de los Siervos de Dios no superan unas pocas decenas).

Las declaraciones testificales se contienen en 22 volúmenes con un total de cerca de 11.000 páginas escritas a un espacio, los documentos presentados por la Postulación son fruto de la investigación realizada en 390 archivos públicos y privados, eclesiásticos y civiles, que ocupan 11 densos volúmenes, a éstos hay que añadir otros 5 volúmenes de documentos extra—procesales utilizados en la parte histórico—biográfica de la Positio.

Las declaraciones de los Consultores Teólogos confirman el rigor con el que se ha llevado esta Causa, corno se desprende de sus afirmaciones:

«El aparato probativo de esta Causa es de tal riqueza que no se puede desear más».

«La riqueza de los datos, tanto históricos como procesales, es inmensa».

«Tenemos entre las manos una extraordinaria cantidad de datos que nos ayudan a madurar un juicio seguro sobre un personaje de estatura excepcional»

«La rigurosa y detallada documentación de cada cuestión particular no deja ninguna zona en sombra, y el haber recogido algunas voces discordantes confiere solidez y credibilidad al conjunto de la exposición».

«El estudio de las actas del proceso muestra el rigor indiscutible con el que ha sido hecha la instrucción».

«Me parece que es preciso afirmar que el conjunto de las pruebas en la presente Causa son más que suficientes ad effectum de quo agitur».

«La instrucción que se ha presentado es exhaustiva: los datos que se deducen del conjunto de los testimonios cubren todo el arco de la vida del Siervo de Dios. Llaman la atención, sobre todo, la calidad de los testigos presentados y la amplia convivencia que tuvieron la mayor parte de ellos con el Siervo de Dios ( ... ). La convergencia y la claridad de los testimonios sobre el heroísmo del Siervo de Dios tienen un carácter probatorio definitivo»

Los escritos del Siervo de Dios Josemaría Escrivá de Balaguer suman 13.000 páginas, reunidas en 71 volúmenes. El estudio crítico de estos escritos fue confiado por los Tribunales a cuatro Teólogos Censores, cuyos votos ocupan una parte relevante del volumen introductorío de la Positio. De la lectura de esos votos emerge una figura de extraordinario alcance eclesial. Éstas son algunas de sus conclusiones:

«Escrivá posee la fuerza de los clásicos: el temple de un Padre de la Iglesia».

«Injertado al tronco vivificante de la Sagrada Escritura, presenta el mensaje sobre el valor santificante del trabajo con una profundidad que pone a nuestro Autor a la altura de las grandes figuras de la Tradición. Estos escritos constituyen una rica herencia para la Iglesia Santa»

«Estos escritos han sido precursores y anticipadores de las más importantes decisiones del Vaticano II. (...) Han presentado el ideal de la vida cristiana corriente en contacto directo con el Evangelio, de un modo hasta ahora inédito en la historia de la Iglesia».

«Dan testimonio de las cumbres de vida mística que alcanzó cuando todavía era jovencísimo».

«(Estos escritos) constituyen ya un tesoro precioso para la Iglesia de Dios y pueden contarse entre los más elevados y fecundos. Y aunque su doctrina no se hubiese plasmado en la realidad eclesial del Opus Dei, tiene tal vigor de por sí, que se podría afirmar que ha abierto una nueva época en la Iglesia».

«El Fundador del Opus Dei aparece como una personalidad de profundísima hondura espiritual, destinada a dejar una huella imborrable en la vida y en la historia de la Iglesia».

«El ejemplo y el mensaje del Fundador del Opus Dei se imponen con la evidencia de un don del Espíritu Santo a la Iglesia».

«Las enseñanzas del Siervo de Dios no son nunca el fruto de una mera especulación teológica, sino una experiencia vivida y un don del Cielo al servicio de la Redención. Tal autenticidad, tal armoniosa correspondencia de la doctrina con la vida, es de hecho un dato interpretativo que se impone por encima de cualquier duda».

«En nuestros días estos escritos constituyen una fuente inagotable de inspiración para una nueva aurora de la Iglesia de Dios en su presencia en el mundo».

Fase de estudio

La última sesión del proceso tuvo lugar en Roma el 8 de noviembre de 1986. El 3 de abril de 1987 fue decretada la validez de los procesos. Bajo la guía y el control del Relator designado por la Santa Sede, el Rvdmo. Padre Ambrogio Eszer, O.P., un equipo de especialistas en Teología, Historia de la Iglesia y Derecho Canónico, coordinado por el Postulador, y con la colaboración de expertos en informática, trabajó en la elaboración de la Positio super vita et virtutibus: es decir, la exposición sistemática de las pruebas que proporcionan sobre la vida del Siervo de Dios tanto los procesos como las investigaciones histórico–documentales.

La Positio sobre el Siervo de Dios Josemaría Escrivá de Balaguer consta de 4 volúmenes con un total de 6. 000 páginas. Dentro de la Positio, además de la Información y de un voluminoso Sumario de los testimonios del Proceso, cobran especial relevancia la Biografía documentada y el Estudio crítico sobre la heroicidad de las virtudes.

La Biografía documentada consta de 1.500 páginas y muestra el desarrollo de la trayectoria terrena del Siervo de Dios. Utiliza el método histórico–critico, fundamentando cada afirmación con un análisis y una confrontación rigurosa de las fuentes. Consta además de un riquísimo apéndice documental al término de cada capítulo.

El Estudio crítico sobre la heroicidad de las virtudes se ha elaborado según el método científico aconsejado por la legislación actual. Se ha analizado cada una de las virtudes cristianas a lo largo de 1.000 páginas con un gran rigor teológico, que distingue con precisión cada uno de los actos constitutivos de las diversas virtudes, estudiadas siempre a lo largo de su desarrollo cronológico.

Los Consultores Teólogos han reconocido que con este método la comprobación de la heroicidad ha llegado al máximo grado de certeza analítica. Éstos son algunos juicios de los Consultores acerca de la calidad de la Positio:

«El conjunto de la Positio es realmente imponente y requiere un empeño de lectura y de estudio extraordinario».

«Raramente se encuentra uno ante una Positio tan extensa, con una elaboración tan rigurosamente crítica y una metodología tan sólida».

«Se trata de un trabajo magnífico, una verdadera joya, riquísima por los datos históricos que aporta y por su rigurosa elaboración. Es un mosaico de elegancia y de incomparable precisión, quizá como nunca se había llegado a realizar en el estudio de un Siervo de Dios».

«Con este trabajo, las virtudes del Siervo de Dios no sólo se exponen y se muestran a la luz, sino que se manifiesta la originalidad de su estilo de vida, y se propone como ejemplo para la vida de los demás –luceat lux vestra–. La hagiografía cristiana se enriquece de este modo con una estrella de primera magnitud».

En el acto de Presentación, el Relator, P. Ambrogio Eszer, quiso remarcar con estas palabras la perfección con la que había sido elaborada la Positio:

«Hemos llegado a la fundada persuasión de que la Positio es completa: eventuales estudios suplementarios que se pudieran hacer no enriquecerían significativamente el juicio que pueden emitir los Reverendos Consultores tras el estudio del material que se presenta, para una valoración segura del ejercicio heroico de las virtudes por parte del Siervo de Dios».

La Positio fue entregada a la Congregación para las Causas de los Santos en el mes de junio de 1988, y a partir de entonces esta Congregación la confió al estudio de los Consultores Teólogos. El 19 de septiembre de 1989, un año y dos meses más tarde, tuvo lugar el Congreso de Consultores, presidido por el Promotor General de la Fe, Mons. Antonio Petti, que se pronunció a favor de la heroicidad de las virtudes cristianas por parte del Siervo de Dios.

Después de haber evaluado el valor probativo de las fuentes testimoniales y documentales presentadas, y de haber sopesado el grado que había alcanzado el Siervo de Dios en el ejercicio de cada una de las virtudes cristianas, y tras analizar posibles cuestiones controvertidas, los Consultores se manifestaron sobre la oportunidad de la Causa. Llegaron a la conclusión de que un pronto pronunciamiento formal acerca de la heroicidad de las virtudes del Siervo de Dios estaba en perfecta sintonía con el carácter pastoral de la reciente reforma de las Causas de los Santos, que quiere incentivar a los fieles a imitar el ejemplo de figuras particularmente actuales.

En coherencia con esta óptica, de clara inspiración conciliar, la reforma no sólo no ha fijado ninguna barrera temporal en el paso de una a otra fase de las Causas, sino que ha abolido expresamente el plazo de 50 años que establecía el Código Canónico de 1917 desde la muerte del Siervo de Dios hasta la declaración de las virtudes heroica.

Para explicar esta decisión hay que recordar que ya con anterioridad se dispensaba habitualmente de ese plazo de 50 años, como demostración de que, desde hacía tiempo, había cobrado una especial fuerza dentro de la Iglesia la valoración de la utilidad pastoral de las Causas. Recordemos sólo dos ejemplos significativos: el de Santa Francisca Javiera Cabrini, beatificada sólo 21 años después de su muerte; y el de Santa Teresa del Niño Jesús, beatificada 25 años tras su fallecimiento, y canonizada sólo 2 años y medio más tarde.

Estos procedimientos hubieran sido hoy aún mucho más rápidos: no hay que olvidar que en aquel tiempo se realizaban todavía dos procesos, que se escribían y se transcribían íntegramente a mano, y que la Postulación debía preparar dos Positiones, por lo que el tiempo que requerían las declaraciones acerca de las virtudes heroicas era, por lo menos, el doble que en la actualidad.

Los Consultores han hecho las siguientes afirmaciones con respecto a la oportunidad de la Causa de Mons. Escrivá de Balaguer:

«Considero providencial que la Causa de este Siervo de Dios llegue a su término en un tiempo excepcionalmente rápido, a menos de 15 años de su muerte, porque, en vista de los graves fenómenos que estamos contemplando dolorosamente, se alza esta figura de apostolado intrépido y fidelísimo a la Iglesia. He visto deshacerse como nieve al sol todas las dificultades que entreveía en un principio, y que podían suscitar alguna perplejidad».

«Se queda uno admirado ante la figura poliédrica y gigantesca del Siervo de Dios, y surge espontáneamente un acto de agradecimiento a la Providencia divina por haber reservado, para nuestro siglo que ahora termina, la presencia de un sacerdote y un Fundador que encarnase plenamente una de las enseñanzas del Concilio Vaticano II: la vocación universal a la santidad, de la cual él mismo fue un apóstol y un ejemplo incomparable».

«La fama signorum está solidamente acreditada. Lo prueba no sólo la demostración documental de que no existe ningún tipo de influencia en los fieles que se interesan por la figura del Siervo de Dios, sino que su constante incremento permite prever razonablemente –una vez probada la heroicidad de las virtudes– que con su beatificación se derivará un beneficio cierto para la Iglesia».

«(Esta beatificación) es oportuna por el bien que supondrá para la Iglesia el hecho de proponer una figura como la del Siervo de Dios, que ha difundido en la Iglesia un mensaje de santidad en medio de las realidades cotidianas precisamente para las personas corrientes. En una sociedad secularizada como la nuestra, desde un punto de vista pastoral, su mensaje acerca del valor del trabajo, camino de santidad cuando se realiza unido a Cristo, parece no sólo oportuno sino necesario»

Otro Consultor, tras haber puesto de manifiesto la utilidad e interés de la Iglesia Universal por la eventual glorificación de Mons. Josemaría Escrivá de Balaguer, puso de relieve la universalidad de la que goza la figura del Siervo de Dios:

«(Estamos ante la Causa) de un contemporáneo nuestro, que tiene un especial interés porque, además de contar ya con los procesos sobre los milagros, hace resaltar la presencia de una santidad heroica en todos los países y entre las diversas categorías de personas»

Todas estas afirmaciones llevan a realizar dos consideraciones:

  1. Se pone de manifiesto el relieve y la consistencia sociológica de la difusión de la fama de santidad del Siervo de Dios y su constante crecimiento. Este fenómeno permite prever que su beatificación supondrá un favorable impacto pastoral.
  2. Se reconoce la importancia eclesial de la figura de Mons. Escrivá y que su mensaje responde a las necesidades actuales de evangelización.

Son significativos, en este sentido, algunos párrafos de los Votos de los Consultores:

«Nunca se había producido en este último siglo una sintonía y un acuerdo casi universal, tanto desde el punto de vista geográfico como de las diversas culturas, como el que se está produciendo en torno al Siervo de Dios Josemaría Escrivá de Balaguer, al aclamarlo como un gran amigo de Dios y un gran benefactor de la Humanidad. En esta nueva ola de secularismo y de materialismo que está invadiendo incluso la ciudad cristiana y el mundo católico, el ejemplo de su fe intrépida y desenvuelta ( ... ), su gran espíritu de penitencia que lo convirtió en un ciudadano habitual del Calvario, su fidelidad total a la Iglesia y a sus leyes, su apertura a todo el mundo llevando siempre de la mano el Santo Evangelio, la levadura de santidad que han difundido a manos llenas tanto él como su institución en medio del Pueblo de Dios, lo constituyen en un testigo excepcional de Jesucristo Nuestro Señor».

«Pienso que no nos equivocamos al afirmar que se trata de la Causa del mayor apóstol de nuestro siglo».

«Esta Causa nos presenta a una de las personalidades más destacadas en la vida de la Iglesia de este siglo: basta recordar su obra de fundador y la incidencia de su mensaje espiritual».

«(Es) un maestro de espiritualidad para nuestro tiempo ( ... ), un hombre enviado por Dios para renovar y reavivar el espíritu cristiano en un mundo indiferente y alejado que necesita ser reevangelizado».

«Creo que el Siervo de Dios constituye un gran don que Dios ha hecho a la Iglesia de nuestro tiempo ( ... ). Veo en él a un gran maestro de la vida espiritual, no sólo para los laicos, para los que es un apóstol de la vocación universal a la santidad, sino también para el clero y los religiosos de esta época más bien crítica de la vida de la Iglesia»

«Es una figura espiritual que se alza (¿hace falta recordarlo?) con una grandeza verdaderamente gigantesca en el cielo de la Iglesia del Siglo XX».

Decreto sobre la heroicidad de las virtudes

«Su misión continúa tras su muerte, con las características propias de los santos que tienen mucho que decir al mundo de hoy».

«Un modelo acabado y atractivo de la santidad que hoy necesita el mundo».

La Congregación Ordinaria de los Cardenales y Obispos, en la reunión celebrada el 20 de marzo, de la que fue ponente el Cardenal Edouard Pagnon, se manifestó en el mismo sentido positivo de las declaraciones anteriores. En consecuencia, y recogiendo ese sentir unánime, el Santo Padre Juan Pablo II promulgó el Decreto sobre la heroicidad de las virtudes, el 9 de abril de 1990.

El Decreto subraya la prodigiosa fecundidad del apostolado del Siervo de Dios; pone de manifiesto su contribución a la promoción del laicado, le define como un ejemplo imperecedero de celo por la formación de los sacerdotes, y se parangonan sus escritos con los de los clásicos de la espiritualidad. Además, se reafirma de nuevo la actualidad del ejemplo y del mensaje de Mons. Escrivá con estas palabras:

«Este mensaje de santificación en y desde las realidades terrenas se muestra providencialmente actual para la situación espiritual de nuestra época. En efecto, en los tiempos presentes, a la vez que se exaltan los valores humanos, también se advierte una fuerte inclinación hacia una visión inmanente del mundo, entendido como algo separado de Dios. Y este mensaje invita a los cristianos a buscar la unión con Dios a través del trabajo diario, que constituye una obligación y una fuente perenne de la dignidad del hombre en la tierra. Por lo que resulta patente la adecuación de este mensaje con las circunstancias de nuestro tiempo, y parece además destinado a perdurar de modo inalterable, por encima de las vicisitudes históricas, como fuente inagotable de luz espiritual.

»Regnare Christum volumus ésta ha sido la gran aspiración del Siervo de Dios, que también puede describirse así: Poner a Cristo en la cumbre de todas las actividades humanas. El servicio eclesial de Josemaría Escrivá ha suscitado un impulso ascendente hacia Dios en hombres inmersos en las realidades temporales, de todos los ambientes y profesiones, de acuerdo con aquellas palabras del Señor –Et ego, si exaltatus fuero a terra, omnia traham ad meipsum (Ioh 12, 32 Vg)– en las que el Siervo de Dios veía compendiado el núcleo del fenómeno pastoral del Opus Dei.»

El Decreto reconoce la prodigiosa difusión de la devoción privada hacia el Siervo de Dios, y afirma que constituye un verdadero fenómeno de piedad popular. La proclamación de las virtudes heroicas de Mons. Escrivá ha sido acogida con gran agradecimiento en todo el mundo, confirmando así esta afirmación de modo evidente. Otros hechos indicativos han sido las Misas de acción de gracias celebradas en los cinco continentes con una significativa participación de la Jerarquía de la Iglesia –aparte de 15 cardenales, han intervenido 140 prelados, entre nuncios apostólicos, arzobispos y obispos–, a las que han asistido cientos de millares de fieles. Además, centenares de obispos locales han manifestado por escrito su alegría por esta proclamación, junto con su esperanza de que la Iglesia proceda a una pronta beatificación.

Reconocimiento de un milagro atribuido a la Intercesión del Venerable Josemaría Escrivá

La reforma realizada por Juan Pablo II en 1983 con la Constitución apostólica Divinus perfectionis Magister ha conservado la prueba del milagro como condición para la beatificación, limitándose, con respecto al Código de Derecho Canónico de 1917, a reducir a uno sólo el número de los milagros requeridos.

La praxis en vigor exige la comprobación de los datos y la recogida de pruebas, reflejando la lógica jurídica que preside la instrucción de todos los procesos: es decir, los procesos super miro se instruyen siempre en perfecta concomitancia temporal con el hecho milagroso, para evitar que el transcurso del tiempo deteriore las pruebas. Sin embargo, la Congregación para las Causas de los Santos no examina el hecho milagroso hasta después de la promulgación del Decreto sobre la heroicidad de las virtudes.

Por esa razón, si en el momento en el que el Ordinario local transmite las actas del proceso sobre el milagro a la Congregación, el proceso sobre las virtudes del Siervo de Dios está todavía en estudio, la documentación sobre el milagro permanece guardada en los archivos de la Congregación hasta que no se haya leído el Decreto sobre las Virtudes. Hasta entonces, el único paso que se permite –y el único que se realiza, de hecho– es la verificación de la validez formal del proceso sobre el milagro.

El milagro elegido para la Beatificación del Venerable Josemaría Escrivá tuvo lugar en 1976, un año después de la muerte del Siervo de Dios. Se trató de la curación repentina, perfecta y duradera de Sor Concepción Boullón Rubio, que padecía una enfermedad cuyo diagnóstico fue descrito así en la Consulta Médica de la Congregación para las Causas de los Santos: Lipocalcinogranulomatosis tumoral con localizaciones múltiples dolientes e invalidantes, con un volumen máximo de una naranja a la altura del hombro izquierdo, estado caquéctico en la paciente con una úlcera gástrica y una hernia de hiato complicada con una grave anemia hipocrómica.

Sor Concepción era una Carmelita de la Caridad de 70 años que residía en el Convento de El Escorial, cerca de Madrid. Cuando se encontraba al borde de la muerte por la suma de las diversas enfermedades que padecía, de improviso, una noche de Junio de 1976, quedó completamente curada: junto con los tumores desaparecieron las otras enfermedades y pudo reemprender sus actividades habituales. No se le había suministrado tratamiento de ningún tipo.

Siguiendo todo este procedimiento, en 1982 el Arzobispo de Madrid, Cardenal Vicente Enrique y Tarancón, con la autorización de la Congregación, instruyó el correspondiente proceso canónico sobre el milagro.

El decreto de validez de ese proceso fue emanado por la Congregación a fines de 1984. Pero como en aquel tiempo los procesos sobre la vida y virtudes del Siervo de Dios estaban todavía en curso, ese proceso permaneció en los archivos de la Congregación. Sólo cuando se decretó la heroicidad de las virtudes del Siervo de Dios, la Congregación procedió al examen médico y teológico de ese milagro. Habían transcurrido 8 años desde la celebración del proceso.

La reunión de la Consulta Médica sobre el milagro tuvo lugar el 30 de junio de 1990 y la reunión de Consultores Teólogos el 14 de julio de 1990. En ambos casos se llegó a una conclusión positiva por unanimidad La Congregación Ordinaria de Cardenales y Obispos se reunió el 18 de junio de 1991, y se pronunció también con voto positivo unánime. La lectura del Decreto sobre el milagro tuvo lugar el 6 de julio de 1991.

El itinerario de esta última fase no está regulado por la ley y varía en función de diversos factores. Habitualmente, si el hecho prodigioso ha tenido lugar durante el desarrollo del proceso sobre las virtudes y, en consecuencia, se ha procedido a su examen inmediatamente tras el decreto de virtudes, se suele necesitar un año. Pero este tiempo puede abreviarse: por ejemplo, se suele obrar con mayor rapidez si una beatificación debe tener lugar en el transcurso de un próximo viaje papal. También puede dilatarse, si por ejemplo surge la necesidad de completar la documentación o de oír a algunos testigos. Y cuando el milagro no ha tenido lugar todavía, pueden pasar muchos años entre el decreto de heroicidad de virtudes y el del milagro: es lo que está sucediendo en algunas Causas de personalidades muy destacadas de la historia de la Iglesia.

La Postulación del Opus Dei ha recogido en dos volúmenes, que suman en total 1.200 páginas, la documentación de otras 20 curaciones atribuidas al fundador del Opus Dei. Estas curaciones, tras ser objeto de diversos estudios especializados, han sido declaradas «científicamente inexplicables». Estos hechos de carácter prodigioso constituyen un testimonio elocuente del singular favor divino que ha acompañado la Causa del Venerable Josemaría Escrivá.

Además de la documentación sobre estos hechos prodigiosos, se conservan en la Postulación 75.000 relaciones firmadas, procedentes de todo el mundo, que narran favores obtenidos gracias a su intercesión.

Estas relaciones son relatos vivísimos escritos por sus protagonistas, en los que se cuentan experiencias tan profundas y radicales que hacen pensar en auténticos milagros espirituales: conversiones, decisiones irrevocables de entrega a Dios, vocaciones sacerdotales y religiosas, reconciliaciones con Dios en personas que se encontraban a punto de morir, familias que se reúnen tras prolongadas dificultades, situaciones morales problemáticas que se resuelven satisfactoriamente...

Nos encontramos, en suma, con una figura sacerdotal que renueva en miles de almas la confianza en la paternal misericordia de Dios, junto con un deseo eficaz de servir a la Iglesia. Lo ha descrito certeramente un Consultor que, al hablar de este fenómeno de piedad popular, concluye con estas palabras:

«Al considerar esta fama de santidad, confirmada por signos casi innumerables en todas las partes del mundo, se descubre que, además de esta gran figura de santo, la Iglesia cuenta con un gran taumaturgo, como en los tiempos más luminosos de su historia».

FLAVIO CAPUCCI, Postulador General del Opus Dei

 

 
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