¡Si te quedaras ahí!
Índice: María Ignacia García Escobar
Aunque unidas tres en una... Pero, ¿es que no le costaba, a un carácter como el suyo, apasionado y vital, aquel desgarramiento repentino del mapa de su vida? ¿Es que era insensible...? Le debieron hacer esa pregunta en varias ocasiones, porque estas líneas tienen sabor de respuesta:
No crean que cuanto he padecido en la tierra haya sido con insensibilidad; todo lo contrario.— No he visto corazón más sensible que el mío; tanto así que le llamo a veces, “niño mimado”. —Pero el inmenso amor que le tengo a mi Amado Jesús ha remontado siempre por encima de mi corazón .
Doña Pepita cuenta que “hay un recuerdo que me viene siempre a la mente. Yo tendría unos seis o siete años, y estábamos ahí, en la cocina, viendo como hervía la leche, cuando se llenó toda la cazuela de espuma. Entonces María Ignacia, haciendo como que hablaba con la leche, comenzó a decir con mucha gracia:
—¡Ay...¡ ¡Si te quedaras ahí!
En ese momento no supe qué quería decir, pero se me quedó muy grabado. Ahora sí que lo entiendo.
Hasta poco tiempo antes estaba muy bien considerada; vivía sin problemas; tenía todas las puertas abiertas: eso era la espuma... Y de un día para otro, se muere su padre, se quedan sin dinero y llenas de deudas, Braulia se pone enferma, y poco después, ella.
Toda aquella espuma se había convertido... en nada”.